Ancho de espadas
Comencé a destapar las cartas, de a una, tengo tres en mi mano derecha, la primer carta genera una sonrisa en mi rostro, trato de simularla y rió, al mismo tiempo que digo “Que golpe que te diste el sábado” no me interesa, tengo que simular recordar una caída, que por cierto fue muy graciosa y contagia a mi contrincante, ahora no se si el tiene cartas mejores que yo. Empiezo a empujar hacia abajo la primer carta, lo que hace es mostrarme el comienzo de mi segunda carta. Apretó las dos y veo el comienzo de la tercer carta. Hoy es mi día de suerte. No soporto más;
¡Compromiso PPCC un post por año con textos en muchos colorcitos!
—¿Por qué jugamos? –le digo en tono poco amistoso, sabiendo que con mis cartas es casi imposible perder.
—Por el honor –me responde Franco.
—¿Por el honor? Anda a cagar –digo desganado
—¿Y por que entonces? –Me pregunta el futuro perdedor.
—Por… toda la plata que tenes en la billetera –le digo en tono desafiante.
—¿De enserio queres jugar por eso? –es obvio que ya me tiene miedo.
—Nunca hable tan enserio –le respondo intimidando hasta su sombra.
—Déjame de romper las pelotas. Jugamos por dos pesos. –no esta seguro de sus cartas.
—Ok, por dos pesos, ponelos en la mesa –solo para incentivar el juego.
—¿Ahora desconfías de mi? –me dice mirándome a los ojos, con mirada maliciosa.
—No desconfió, prevengo. –No me gusta perder ni a la bolita.
—Buena suerte –me dice.
—No la necesito. –respondo al instante.
Ya esta, lo peor ya paso. Él ahora perderá dos pesos. Esta el juego en marcha. Me estoy convirtiendo en un jugador empedernido. No tolero perder. Aunque realmente sea un perdedor.
—¡Envido, carajo! –le grito apoyando mis manos en la mesa, salivando su cara.
—¡Envido! –responde, el ingenuo.
—¡Real Envido! –vuelvo a gritar, ya sin voz.
Con suerte robare cuatro puntos. Se que me va a decir “no quiero”. Él piensa que las personas no tienen días buenos, esta equivocado. Hoy no solo es mi día, también es mi mano de la suerte. Imposible de perder.
—¡Quieeeeerooo, pelotudo! –responde, el iluso, insulta por que no se puede defender con las cartas.
Todavía no sabe que hay cosas que no se pueden defender. Pasa en la vida, pasa en todos lados. Siempre algún indefenso, lucha sin descansar hasta morir en su causa. La cual no logra mas que un recuerdo difuso de que era un gran luchador, sin acordarse del por que luchaba.
—¡30! –canta él. Tengo que reconocer mi derrota. Perdí, el azar dispuso que yo diera y que él sea mano. Pero no esta muerto quien pelea.
—Son buenas –respondo por lo bajo. Se que ahora subirá su autoestima, pero él no sabe que es lo que le espera. Logro siete puntos, que no le servirán para nada.
—¡Jugá, maraca! –le digo, hace mas de un minuto que esta observando sus cartas, yo espero el error. Como un asesino espera su víctima, sin prisa y con calma.
Juega un siete de espadas. ¿Un mísero siete de espadas? Piensa hacer primera que es la que vale doble con un mísero siete de hojalata, que no sirve para nada. Por favor. Eso saben que es, miedo. Solo el miedo puede hacerte actuar así. El miedo es algo que no podes controlar y mucho menos manipular. Con miedo la gente actúa mal.
Juego el as de basto y sonrió. Es hora de que sepa quien manda. Quien es el jefe. Quien es su papá.
—Que fácil –digo en voz alta, y doy vuelta su carta con el ancho de basto, para darle un poco más de temor.
Al jugar el ancho de basto destapo la segunda carta, es un rey. Él rey en segunda mano es un arma de doble filo. Puede matar, como puede morir en su intento. Pero donde se ve que a un rey lo derroquen, en ningún lado. Jugare el Rey, lo que hace revelar mi tercer carta.
—¡Truco, puto! –me grita, soñando que esta vez ganara.
—¡Quiero, quiero re truco! –le digo totalmente excitado.
—¡Quiero, mierda, Quiero Vale Cuatro! –responde con la sonrisa de oreja a oreja. Yo no omito gesto, pero por dentro unas hormigas recorren mi cuerpo, eso se llama adrenalina. Sé que ganare, por eso estoy tranquilo. Ya es hora de resolver esta mano.
Juega un tres de espadas y mata mi rey. Lo que percibo es que al jugar un tres de espadas, tiene una carta más alta. Pero eso no me asusta. Sé que mi carta es la más alta de todas, el as de espada.
—Te queres matar –me dice mientras apoya un as de espada.
—¡Tomaaaaaa, mediocre –le grito, sin mirar la carta que él jugo.
Agarre sus dos pesos, más los dos míos, me pare y comencé a caminar hacia la salida.
—Espera –escucho que dice Franco. Por ahí quiere que le devuelva la plata, pero no señor, tiene que aprender que en la vida se gana y se pierde. Hoy le toco perder.
—¿Qué pasa? –le digo sin darme vuelta, con la mano en el picaporte de la puerta.
—Hay dos as de espadas –Me dice como asombrado.
—Imposible, no puede haber dos anchos de de espadas, ¿Qué decís? –le digo.
—Date vuelta pelotudo, mira, hay dos as de espadas –me dice señalando las cartas.
—Es verdad, ¡No te puedo creer! –Y me agarro la cabeza.
—Bueno, deja la plata acá, sacamos un as de espadas y volvemos a jugar.
Y asi seguimos todo el dia
creo q se estaba carteando
¡Compromiso PPCC un post por año con textos en muchos colorcitos!
—¿Por qué jugamos? –le digo en tono poco amistoso, sabiendo que con mis cartas es casi imposible perder.
—Por el honor –me responde Franco.
—¿Por el honor? Anda a cagar –digo desganado
—¿Y por que entonces? –Me pregunta el futuro perdedor.
—Por… toda la plata que tenes en la billetera –le digo en tono desafiante.
—¿De enserio queres jugar por eso? –es obvio que ya me tiene miedo.
—Nunca hable tan enserio –le respondo intimidando hasta su sombra.
—Déjame de romper las pelotas. Jugamos por dos pesos. –no esta seguro de sus cartas.
—Ok, por dos pesos, ponelos en la mesa –solo para incentivar el juego.
—¿Ahora desconfías de mi? –me dice mirándome a los ojos, con mirada maliciosa.
—No desconfió, prevengo. –No me gusta perder ni a la bolita.
—Buena suerte –me dice.
—No la necesito. –respondo al instante.
Ya esta, lo peor ya paso. Él ahora perderá dos pesos. Esta el juego en marcha. Me estoy convirtiendo en un jugador empedernido. No tolero perder. Aunque realmente sea un perdedor.
—¡Envido, carajo! –le grito apoyando mis manos en la mesa, salivando su cara.
—¡Envido! –responde, el ingenuo.
—¡Real Envido! –vuelvo a gritar, ya sin voz.
Con suerte robare cuatro puntos. Se que me va a decir “no quiero”. Él piensa que las personas no tienen días buenos, esta equivocado. Hoy no solo es mi día, también es mi mano de la suerte. Imposible de perder.
—¡Quieeeeerooo, pelotudo! –responde, el iluso, insulta por que no se puede defender con las cartas.
Todavía no sabe que hay cosas que no se pueden defender. Pasa en la vida, pasa en todos lados. Siempre algún indefenso, lucha sin descansar hasta morir en su causa. La cual no logra mas que un recuerdo difuso de que era un gran luchador, sin acordarse del por que luchaba.
—¡30! –canta él. Tengo que reconocer mi derrota. Perdí, el azar dispuso que yo diera y que él sea mano. Pero no esta muerto quien pelea.
—Son buenas –respondo por lo bajo. Se que ahora subirá su autoestima, pero él no sabe que es lo que le espera. Logro siete puntos, que no le servirán para nada.
—¡Jugá, maraca! –le digo, hace mas de un minuto que esta observando sus cartas, yo espero el error. Como un asesino espera su víctima, sin prisa y con calma.
Juega un siete de espadas. ¿Un mísero siete de espadas? Piensa hacer primera que es la que vale doble con un mísero siete de hojalata, que no sirve para nada. Por favor. Eso saben que es, miedo. Solo el miedo puede hacerte actuar así. El miedo es algo que no podes controlar y mucho menos manipular. Con miedo la gente actúa mal.
Juego el as de basto y sonrió. Es hora de que sepa quien manda. Quien es el jefe. Quien es su papá.
—Que fácil –digo en voz alta, y doy vuelta su carta con el ancho de basto, para darle un poco más de temor.
Al jugar el ancho de basto destapo la segunda carta, es un rey. Él rey en segunda mano es un arma de doble filo. Puede matar, como puede morir en su intento. Pero donde se ve que a un rey lo derroquen, en ningún lado. Jugare el Rey, lo que hace revelar mi tercer carta.
—¡Truco, puto! –me grita, soñando que esta vez ganara.
—¡Quiero, quiero re truco! –le digo totalmente excitado.
—¡Quiero, mierda, Quiero Vale Cuatro! –responde con la sonrisa de oreja a oreja. Yo no omito gesto, pero por dentro unas hormigas recorren mi cuerpo, eso se llama adrenalina. Sé que ganare, por eso estoy tranquilo. Ya es hora de resolver esta mano.
Juega un tres de espadas y mata mi rey. Lo que percibo es que al jugar un tres de espadas, tiene una carta más alta. Pero eso no me asusta. Sé que mi carta es la más alta de todas, el as de espada.
—Te queres matar –me dice mientras apoya un as de espada.
—¡Tomaaaaaa, mediocre –le grito, sin mirar la carta que él jugo.
Agarre sus dos pesos, más los dos míos, me pare y comencé a caminar hacia la salida.
—Espera –escucho que dice Franco. Por ahí quiere que le devuelva la plata, pero no señor, tiene que aprender que en la vida se gana y se pierde. Hoy le toco perder.
—¿Qué pasa? –le digo sin darme vuelta, con la mano en el picaporte de la puerta.
—Hay dos as de espadas –Me dice como asombrado.
—Imposible, no puede haber dos anchos de de espadas, ¿Qué decís? –le digo.
—Date vuelta pelotudo, mira, hay dos as de espadas –me dice señalando las cartas.
—Es verdad, ¡No te puedo creer! –Y me agarro la cabeza.
—Bueno, deja la plata acá, sacamos un as de espadas y volvemos a jugar.
Y asi seguimos todo el dia
creo q se estaba carteando
3 Comments:
faaaa qe post interesante (?)
shhhhhhh
por eso siempre juego poker
Publicar un comentario en la entrada
<< Home